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Madre del
Santo Recuerdo que nunca podré olvidar.
Virgen que, como un lucero, me alumbras desde ese altar.
Bajo tu manto sagrado mi madre aquí me dejó.
Señora, ya eres mi Madre: No me abandone tu amor. (2)
Hoy soy tu hijo, hoy yo te
adoro,
hoy te prometo perenne fe.
Pero mañana, dentro de un año,
dentro de veinte. ¡Ay! ¿Te
querré?
Estrella salvadora es, Madre, tu semblante.
Mísero navegante, naufragaré sin Ti.
Aunque la mar del mundo con zozobrante quilla
surcare mi barquilla, acuérdate de mí. (3)
Aunque avance rugiente la tormenta
y en mi mástil ya gima el huracán,
feliz con tu recuerdo soberano
desafío las olas de la mar.
Me arrollarán, quizás, entre su espuma.
Mas negar que me amaste y que te amé,
negar que fui tu hijo y que en tus brazos
se pasó como un sueño mi niñez,
eso nunca lo haré, Madre querida.
Eso nunca, nunca lo haré.
Eso nunca lo haré, Madre querida.
Eso nunca, nunca lo haré.
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